Cómo reírse de Bond por Ramón de España

27.04.2009

Ante el inesperado éxito de las muy británicas andanzas de James Bond, al otro lado del charco tuvieron que ponerse las pilas y ofrecer al mundo sus propios agentes secretos, Derek Flint y Matt Helm, más parecidos, eso sí, al majadero de Austin Powers que al refinado 007. Las aventuras del primero acaban de aparecer en nuestro país: Flint, agente secreto (1965) y F de Flint (1967). Protagonizadas por el siempre eficaz James Coburn, estas dos películas no pueden faltar en la colección de todo connaiseur del cine malo que se precie.

Dirigidas a gente dotada de un sentido del humor especialmente retorcido, constituyen unas parodias involuntarias de las de Bond: los malos son de risa, las conspiraciones dan pena, las mujeres lucen unos crepados ridículos y el humor es de natural chocarrero. Lamentablemente, las aventuras del señor Flint no consiguen alcanzar la categoría de cimas del cine cutre porque cuentan con un presupuesto decente y una factura digna.
Aquellos que deseen sumirse en la más profunda (y divertida) de las miserias cinematográficas van a tener que esperar a que se publiquen aquí las hazañas de Matt Helm.

Protagonizadas por un Dean Martin en permanente estado letárgico, las cuatro aventuras de Matt Helm (reunidas en EEUU bajo el título de Matt Helm Lounge) son auténticas obras maestras de ese cine que a fuerza de ser malo, acaba siendo bueno. Vestido siempre con un jersey de cuello alto y botines puntiagudos que le acreditan como el Petronio del contraespionaje, Martinlas atraviesa como si su cerebro se le hubiera quedado en el último bar que pisó la noche anterior; y dado que la trama no puede importarle menos (es de una imbecilidad supina), es muy capaz de ponerse a cantar That's amore en el momento más imprevisto.

Quienes admiramos a Dean Martin en su triple condición de actor, cantante y alcohólico podemos llegar a disfrutar mucho con las sandeces de Matt Helm, pero reconozco que yo no se las recomendaría a todo el mundo. Hay películas malas sin gracia alguna y películas malas que alcanzan la redención ante los ojos adecuados. Las andanzas de Derek Flint y Matt Helm figuran entre estas últimas, como bien sabe el gran Mike Myers.